¿Sabe si su bebé oye bien?

Anita Bartholomew
Heather Young estaba muy preocupada por su hija Jennifer, de seis semanas de nacida. La llevó al pediatra y le explicó que la niña no reaccionaba a los ruidos fuertes, como los de la aspiradora o el despertador. Para tranquilizar a la madre, el médico recurrió a una prueba auditiva común: hizo sonar una campanilla junto a la oreja de la nena y, al ver que ella se volvía hacia la fuente del sonido, le aseguró a Heather que su hija estaba bien.
Sin embargo, como Jennifer aún no hablaba al año y medio de edad, su madre consultó a otros dos especialistas, quienes tampoco identificaron
 nada anormal. La niña tenía dos años y medio cuando por fin le hicieron una prueba de respuesta auditiva del tallo cerebral (RATC), que consiste en medir la reacción de esta parte del encéfalo a una serie de chasquidos que se transmiten por medio de audífonos.
El examen reveló que, en efecto, Jennifer tenía una deficiencia auditiva moderada. Lo grave era que, por la falta de tratamiento oportuno, presentaba retraso en el desarrollo del lenguaje y había riesgo de que esto afectara también su sociabilidad en el futuro.

La minusvalía invisible.

No es infrecuente que la deficiencia auditiva se diagnostique mal o tarde. Ray Hull, profesor de audiología de la Universidad Estatal de Wichita, en Kansas, afirma que incluso una grave pérdida del oído puede pasar inadvertida en algunos niños.
El caso de la familia Young ejemplifica lo difícil que es detectar los trastornos del oído. Lo ocurrido a Jennifer hizo sospechar a Heather y a su esposo que su segunda hija, Elise, tampoco oía bien. Los médicos opinaban que era poco probable. Tras practicarle la prueba de la campanilla y otra más, el pediatra les dijo a los Young que no era necesario practicarle la prueba de RATC. Un año después le hicieron este examen a Elise y resultó ser más dura de oído que su hermana.
"Desde el nacimiento hasta alrededor de los seis meses, todos los bebés balbucean y hacen gorgoritos", explica Robert Fifer, audiólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Miami. "Es un acto reflejo. Resulta imposible distinguir
a un bebé de tres meses con oído normal de uno sordo de la misma edad". Fifer llama a la deficiencia auditiva infantil "la minusvalía invisible".
Al decir del doctor Cliff Megerian, especialista en audición del Centro Médico Memorial de la Universidad de Massachusetts, "aun los niños que presentan sordera entre moderada y profunda alcanzan a oír ruidos fuertes". Los niños con pérdida auditiva también pueden reaccionar a las vibraciones o al movimiento (como el de la mano en la prueba de la campanilla).
A causa del diagnóstico erróneo, muchos niños salen del paso a duras penas hasta que les hacen pruebas de audición en la escuela. No saben que tienen una deficiencia y sus síntomas a veces se malinterpretan. "A menudo los maestros creen que son lentos para aprender o les achacan trastornos de conducta", comenta Dwayne Paschall, audiólogo del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Tecnológica de Texas.

Efectos indeseables.

Está comprobado que, a mayor tardanza en diagnosticar la pérdida auditiva, más le costará al niño aprender a hablar y a relacionarse.
El doctor James Andrews, especialista en trastornos del oído del Centro Médico de la Universidad de California en Los ángeles, explica que las neuronas cerebrales que intervienen en el aprendizaje de la lengua deben empezar a interconectarse en los primeros meses de vida del bebé. "Así se forman las vías nerviosas que conducen los estímulos sonoros al cerebro", añade Andrews. Si un pequeño no oye hablar a la gente, esas neuronas se conectarán de maneras distintas y, a la larga, esto puede impedir que el niño desarrolle plenamente sus capacidades verbales.
La publicación médica Pediatrics sacó a la luz un estudio realizado en 1998, que confirma la importancia de la detección y el tratamiento oportunos de la sordera para el desarrollo del lenguaje. Unos niños a los que se diagnosticó deficiencia auditiva antes de los seis meses adquirieron mucho mejores aptitudes verbales que otros cuya deficiencia se identificó más tarde. Según Christine Yoshinaga-Itano, directora del estudio, el retraso en el desarrollo del lenguaje puede afectar posteriormente el rendimiento escolar y las habilidades sociales.
El caso de la familia Young lo demuestra: Jennifer, que ya tiene 12 años y usa audífonos desde los tres, está retrasada más de dos años respecto a los niños de su edad que oyen bien, tanto en el ambiente escolar como en el social. Su comprensión de las palabras es limitada, y como le cuesta trabajo conversar, tiene que ayudarse con el lenguaje de señas. Por eso, explica su madre, la niña suele quejarse de que no encaja entre los demás.
Elise, quien cumplió nueve años y usa audífonos desde que tenía uno, está rezagada sólo un año respecto a los niños de su edad que oyen normalmente.
A Ty, el benjamín de la familia, le hicieron la prueba de RATC a los pocos días de nacido y empezó a usar audífonos a las ocho semanas de vida. Sus capacidades verbales y sociales son iguales a las de los niños de su edad que oyen bien.
Tanto la prueba de RATC como la de emisiones otoacústicas (otra herramienta de diagnóstico eficaz) son inofensivas y poco costosas. Si está usted embarazada, averigüe si en el hospital donde va a dar a luz les hacen esta clase de exámenes a los recién nacidos; si no, solicite información sobre lugares donde ofrezcan ese servicio y lleve al bebé poco después de que nazca.
Si un niño mayor parece tener dificultades para oír o hablar, consulte al médico. Si las pruebas muestran que hay pérdida auditiva, actúe sin demora.Cuanto antes reciba ayuda el chico, más probable será que tenga un desarrollo saludable y normal.


Una sencilla prueba casera
Compare las reacciones y aptitudes de su hijo con las descritas en esta tabla, según su edad. Si no coinciden, convendrá que le hagan una prueba de audición.



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