Heather Young estaba muy preocupada por su hija Jennifer, de seis semanas de nacida. La llevó al pediatra y le explicó que la niña no reaccionaba a los ruidos fuertes, como los de la aspiradora o el despertador. Para tranquilizar a la madre, el médico recurrió a una prueba auditiva común: hizo sonar una campanilla junto a la oreja de la nena y, al ver que ella se volvía hacia la fuente del sonido, le aseguró a Heather que su hija estaba bien.
Sin embargo, como Jennifer aún no hablaba al año y medio de edad, su madre consultó a otros dos especialistas, quienes tampoco identificaron
